Formas de une leyenda

Essai de Jorge Luis Borges tiré de
Otras inquisiciones ou Autres inquisitions
publié sous le nom de :
Obras completas 1923-1972
Emecé Editores - Buenos Aires - 1974 - p. 740 et suivantes.

Notes :

Ce texte est publié en annexe à une traduction de Madame Fawzi Malhasti publié dans l'édition du
6 juin 2016 du Castor™ de Napierville
.

Il est repris ici, en langue originelle, en vertu de l’article 29 (Utilisation équitable) de la Loi sur le droit d’auteur (L.R.C., ch. C-42) du Canada.

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Formas de une leyenda

Jorge Luis Borges


A la gente le repugna ver un anciano, un enfermo o un muerto,y sin embargo está sometida a la muerte, a las enfermedadesy. a la vejez; el Buddha declaró que esta reflexión lo indujo aabandonar su casa y sus padres y a vestir la ropa amarilla de losascetas. El testimonio consta en uno de los libros del canon;otro registra la parábola de los cinco mensajeros secretos queenvían los dioses; son un párvulo, un anciano encorvado, untullido, un criminal en los tormentos y un muerto, y avisan quenuestro destino es nacer, caducar, enfermar, sufrir justo castigoy morir. El Juez de las Sombras (en las mitologías del IndostanYama desempeña ese cargo, porque fue el primer hombre quemurió) pregunta al pecador si no ha visto a los mensajeros; ésteadmite que sí, pero no ha descifrado su aviso; los esbirros loencierran en una casa que está llena de fuego. Acaso el Büddhano inventó esta amenazadora parábola; bástenos saber que ladijo (Majjhima nihaiya, 130) y que no la vinculó nunca,' tal vez,a su propia vida.

La realidad puede ser demasiado compleja para la trasmisiónoral; la leyenda la recrea de una manera que sólo accidentalmentees falsa y que le permite andar por el mundo, de bocaen boca. En la parábola y en la declaración figuran un hombreviejo, un hombre enfermo y un hombre muerto; el tiempo hizode los dos textos uno y forjó, confundiéndolos, otra historia.

Siddhartha, el Bodhisattva, el pre-Buddha, es hijo de un granrey, Suddhodana, de la estirpe del sol. La noche de su concepción,la madre sueña que en su lado derecho entra un elefante, del color de la nieve y con seis colmillos (1). Los adivinos interpretanque su hijo reinará sobre el mundo o hará girar la ruedade la doctrina(2) y enseñará a los hombres cómo librarse de la vida y la muerte.

El rey prefiere que Siddhartha logre grandeza temporaly no eterna,' y lo recluye en un palacio, del que han sidoapartadas todas las cosas que pueden revelarle que es corruptible.

Veintinueve años de ilusoria felicidad trascurren así, dedicados algoce de los sentidos, pero Siddhartha, una mañana, sale en sunoche y ve con estupor a un hombre encorvado, "cuyo pelo noC8 como el de los otros, cuyo cuerpo no es como el de los otros",que se apoya en un bastón para caminar y cuya carne tiembla.Pregunta qué hombre es ése; el cochero explica que es un ancianoy que todos los hombres de la tierra serán como él. Siddhartha,Inquieto, da orden de volver inmediatamente pero en otra salidave a un hombre que devora la fiebre, lleno de lepra y de úlceras;el cochero explica que es un enfermo y que nadie está exentode ese peligro. En otra salida ve a un hombre que llevan enUn féretro, ese hombre inmóvil es un muerto, le explican, y morirCS la ley de todo el que nace. En otra salida, la última, ve aUn monje de las órdenes mendicantes que no desea ni morir nivivir. La paz está en su cara; Siddhartha ha encontrado el camino.

Hárdy (Der Buddhismus nach alteren Pali-Werhen) alabó elcolorido de esta leyenda; un indólogo contemporáneo. A. Foucher,cuyo tono de burla no siempre es inteligente o urbano, escribeque, admitida la ignorancia previa del Bodhisattva, la historia no«trece de gradación dramática ni de valor filosófico. A principiosdel siglo v de nuestra era, el monje Fa-Hien peregrinó a losreinos del Indostán en busca de libros sagrados y vio las ruinasde la ciudad de Kapilavastu y cuatro imágenes que Asoka erigió,ni norte, al sur, al este y al oeste de las murallas, para conmemorarlos encuentros. A principios del siglo vil un monje cristiano recíñelola novela que se titula Bwlaam y Josafat; Josafat (Josafat,Bodhisattva) es hijo de un rey de la India; los astrólogos predicenque reinará sobre un reino mayor, que es el de la Gloria; elrey lo encierra en "un palacio, pero Josafat descubre la infortunadacondición de los hombres bajo las especies de un ciego, deUll leproso y de un moribundo y es convertido, finalmente, a la£e por el' ermitaño Barlaam. Esta versión cristiana de la leyendalile traducida a muchos idiomas, incluso el holandés y el latín;8 instancia del Hákon Hákonarson, se produjo en Islandia, amediados del siglo xin, una Barlaams saga. El cardenal CésarBaronio incluyó a Josafat en^u revisión (1585-1590) del Martirologioromano; en 1615, Diego de Couto denunció, en su continuaciónde las Décadas, las analogías de la fingida fábula indianacon la verdadera y piadosa historia de San Josafat. Todoesto y mucho más hallará el lector en el primer volumen deOrígenes de la novela de Menéndez y Pelayo.
La leyenda que en tierras occidentales determinó que el Buddha fuera canonizado' por Roma tenía, sin embargo, un defecto:los encuentros que postula son eficaces pero también son increíbles.Cuatro salidas de Siddhartha y cuatro figuras didácticasno condicen con los hábitos del azar. Menos atentos a lo estéticoque a la conversión de la gente, los doctores quisieron justificaresta anomalía; Koeppen (Die Religión des Buddha, I, 82) anotaque en la última forma de la leyenda, el leproso, el muerto y elmonje son simulacros que las divinidades producen para instruira Siddhartha. Así, en el tercer libro de la epopeya sánscrita Buddhacarita,se dice que los dioses crearon a un muerto y queningún hombre lo vio mientras lo llevaban, fuera del cocheroy del príncipe. En una biografía legendaria del siglo xvi, lascuatro apariciones son cuatro metamorfosis de un dios (Wieger:Vies chinoises du Bouddha, 37-41).

Más lejos había ido el Lalitavistara. De esa compilación de prosay de verso, escrita en un sánscrito impuro, es costumbre hablarcon alguna sorna; en sus páginas la historia del Redentor seinfla hasta la opresión y hasta el vértigo. El Buddha, a quien rodeandoce mil monjes y treinta y dos mil Bodhisattvas, revela eltexto de la obra a los dioses; desde el cuarto cielo fijó el período,el continente, el reino y la casta en que renacería para morir porúltima vez; ochenta mil timbales acompañan las palabras de su- discurso y en el cuerpo de su madre hay la fuerza de diez milelefantes. El Buddha, en el extraño poema, dirige cada etapa desu destino; hace que las divinidades proyecten las cuatro: figurassimbólicas y, cuando interroga al cochero, ya sabe quiénes son yqué significan. Foucher ve en este rasgo un mero servilismo de losautores, que no pueden tolerar que el Buddha no sepa lo quesabe un sirviente; el enigma merece, a mi entender, otra solución.El Buddha crea las imágenes y luego inquiere de un terceroel sentido que encierran. Teológicamente cabría tal vez contestar:el libro es de la escuela del Mahayana, que enseña que el Buddhatemporal es emanación p reflejo de un Buddha eterno; el del cieloordena las cosas, el de la tierra las padece o las ejecuta. (Nuestrosiglo, con otra mitología o vocabulario, habla de lo inconsciente.)La humanidad del Hijo, segunda persona de Dios, pudo gritardesde la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?-la del Buddha, análogamente, pudo espantarse de las formas quehabía creado su propia divinidad. m Para desatar el problema, noson indispensables, por lo demás, tales sutilezas dogmáticas, bastarecordar que todas las religiones del Indostán y en particular elbudismo enseñan que el mundo es ilusorio. Minuciosa relación deljuego (de un Buddha) quiere decir Lalitavistara, según Winternitz;un juego o un sueño es, para el Mahayana, la vida del Buddhasobre la tierra, que es otro sueño. Siddhartha elige su nacióny sus padres. Siddhartha labra cuatro formas que lo colmarán deestupor, Siddhartha ordena que otra forma declare el sentido delas primeras; todo ello es razonable si lo pensamos un sueño deSiddhartha. Mejor aun si lo pensamos un sueño en el que figuraSiddhartha (como figuran el leproso y el monje) y que nadie sueña,porque a los ojos del. budismo del Norte (3) el mundo y losprosélitos y el Nirvana y la rueda de las transmigraciones y elBuddha son igualmente irreales. Nadie se apaga en el Nirvana,leemos en un tratado famoso, porque la extinción de innumerablesseres en el Nirvana es como la desaparición de una fantasmagoríaque un hechicero en una encrucijada crea por artes mágicas,y en otro lugar está escrito que todo es mera vacuidad, meronombre, y también el libro que lo declara y el hombre que lolee. Paradójicamente, los excesos numéricos del poema quitan, noagregan, realidad; doce mil monjes y treinta y dos mil Bodhisattvasson menos concretos que un monje y que un Bodhisattva. Las vastasformas y los vastos guarismos (el capítulo XII incluye unaserie de veintitrés palabras que indican la unidad seguida de unnúmero creciente de ceros, desde 9 a 49, 51 y 53) son vastas ymonstruosas burbujas, énfasis de la Nada. Lo irreal, así, ha idoagrietando la historia; primero hizo fantásticas las figuras, despuésal príncipe y, con el príncipe, a todas las generaciones y al universo.A fines del siglo xix, Osear Wilde propuso una variante; elpríncipe feliz muere en la reclusión del palacio, sin haber descubiertoel dolor, pero su efigie postuma lo divisa desde lo altodel pedestal.

La cronología del Indostán es incierta; mi erudición lo es muchomás; Koeppen y Hermann Beckh son quizá tan falibles comoel compilador que arriesga esta nota; no me sorprendería que mihistoria de la leyenda fuera legendaria, hecha de verdad sustancialy de errores accidentales.

  Notes :

(1) Este sueño es, para nosotros, una mera fealdad. No así para los hindúes;el elefante, animal doméstico, es símbolo de mansedumbre; la multiplicaciónde colmillos no puede incomodar a los espectadores de un arte que, parasugerir que Dios es el todo, labra figuras de múltiples brazos y caras; el seises número habitual (seis vías de la transmigración; seis Budhas anterioresal Budha; seis puntos cardinales, contando el cénit y el nadir; seis divinidadesque el Yajurveda llama las seis puertas de Brahma)

(2) Esta metáfora puede haber sugerido a los tib'etanos la invención de lasmáquinas de rezar, ruedas o cilindros que giran alrededor de un eje, llenasde tiras de papel enrolladas en las que se repiten palabras mágicas. Algunasson manuales: otras son como grandes molinos y las mueve el agua o el viento.

(3) Rhys Davids proscribe esta locución que introdujo Burnouf, pero suempleo en esta frase es menos incómodo que el de Gran Travesía o GranVehículo, que hubieran detenido al lector.

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